San Pedro de Atacama IV – Salar de Tara

Este es el cuarto y último capítulo de mi artículo sobre las maravillas naturales de la zona de San Pedro de Atacama, y,  probablemente, será también lo último que escriba sobre Chile. En esta entrega voy a hablar un poco sobre el Salar de Tara, un paraje inhóspito e increíble enclavado en pleno altiplano andino, a pocos kilómetros de la triple intersección fronteriza entre Chile, Bolivia y Argentina.

Este salar se encuentra a una altitud de 4300 metros sobre el nivel del mar, y forma parte de la Reserva Nacional de los Flamencos, la cual está formada por 7 sectores diferentes, incluidos el Salar de Atacama y el Valle de la Luna, todos ellos de gran importancia para nidificación y procreación de las tres especies de flamenco habitan esta región (Fig. 1). En realidad, el sector en el que está situado el Salar de Tara está formado por dos salares, el de Tara y el de Aguas Calientes, este último de menor dimensión.

Fig. 1: Vista del Salar del Tara con un grupo de llamas y alpacas.

Para llegar a este remoto paisaje hay que transitar primero la carretera que comunica Chile con Argentina a través del paso internacional de Jama. El punto más alto de esta carretera está por encima de los 5000 metros de altitud, y es, quizá, una de las carreteras con mejores vistas del mundo. A lo largo de ese trayecto se pueden contemplar varias majestuosas cumbres montañosas, algunas de las cuales corresponden a volcanes que rondan los 6.000 metros, como el Licancabur (Fig. 2), el Acamarachi o el Lascar. También se pasa junto a varias lagunas de colores verdeazuladas, las cuales pueden estar congeladas gran parte del año debido a las bajas temperaturas (Fig. 3).

Fig. 2: Vista del Volcán Lincancabur, frontera entre Chile y Bolivia.

Fig. 3: Laguna congelada de camino al Salar de Tara, con el Volcán Acamarachi o Pili al fondo.

 

Una vez cerca del Salar de Aguas Calientes se abandona la carretera asfaltada y se adentrar por un terreno yermo y desértico, en donde no existen caminos bien definidos, por lo que hay que afinar la vista para seguir las huellas de los vehículos todoterrenos que han pasado previamente.

Junto al Salar de Aguas Calientes se encuentra uno de los puntos de mayor interés de la zona, los Monjes de Pakana, también conocidos como los Centinelas o Moais de Tara (Fig. 4). Estos “monjes” son formaciones volcánicas de geometría singular que sobresalen de manera espectacular sobre el suave relieve. Las formas de estas rocas han sido moldeadas por el viento de forma caprichosa, creando siluetas que en ocasiones recuerdan a caras o estatuas de personas, de ahí su comparación con los moais de la Isla de Pascua o con monjes contemplativos. El tamaño de algunas de estas formaciones superan los 20 metros de altura. (Fig. 5)

Siguiendo el camino hacia el Salar de Tara se pueden observar muchas otras formaciones rocosas igualmente imponentes, como es el caso de las Catedrales. Este lugar está constituido por grandes paredes de roca volcánica, en cuya base pueden verse grandísimos bloques que han ido sucumbiendo a la gravedad producto de la erosión (Fig. 6).

Fig. 4: Vista de varias de las formaciones rocosas denominadas Monjes de Pakana, con el Salar de Aguas Calientes al fondo.

Fig. 5: Espectacular formación rocosa en forma de pilar cerca del Salar de Aguas Calientes.

Fig. 6: Las grandes paredes de Las Catedrales.

 

Todas las rocas de esta región son de origen volcánico. Algunas de ellas se formaron por la acumulación de cenizas y material piroclástico procedentes de la Caldera  Vilama, considerado el segundo volcán más grande del mundo, por detrás del supervolcán de Yellowstone. Se estima que éste supervolcán arrojó en un solo evento unos 2.000 kilómetros cúbicos de materiales piroclásticos en esta región de Sudamérica, lo que lo convierte en una de las mayores erupciones volcánicas que se han podido registrar en todo el planeta. La consolidación de esas cenizas y fragmentos centimétricos de roca dio lugar en esta zona a una formación rocosa de baja dureza, haciéndola muy susceptible a que los agentes erosivos, principalmente el viento, la moldearan hasta obtener infinidad de formas curiosas, como los Monjes de Pakana o las Catedrales (Fig. 7).

Fig. 7: Efectos de la erosión eólica en las rocas que forman los Monjes de Pakana y las Catedrales.

La región donde se encuentra el Salar de Tara es conocida por su escasez de precipitaciones. De hecho, esta zona está situada en el extremo oriental del Desierto de Atacama, el desierto más seco del mundo. Aun así, en esta inhóspita tierra también subsisten seres vivos (Fig. 8). En este paraje se pueden encontrar con relativa facilidad algunas de las especies animales más comunes del altiplano andino, como flamencos, vicuñas (Fig. 9), zorros culpeo, cuys de la puna, chululos, caitíes, gaviotas andinas, chorlos de la puna, perdiz de la puna (Fig. 10), patos jergón y gansos huallata. En cuanto a la vegetación, las plantas más extendidas son el ichu (Fig. 11) y los bofedales, aunque también se pueden encontrar otras plantas como el coirón, la tola de agua y la tola amaia.

Fig. 8: La vida se abre paso entre las piedras del desértico paraje de los Monjes de Pakana.

Fig. 9: Vicuñas (Vicugna vicugna), una de las dos especies de camélidos salvajes que existen en Sudamérica (izquierda). Dos vicuñas pastando con un grupo de llamas (Lama glama) y alpacas (Lama pacos), las dos especies de camélidos domésticos sudamericanas (derecha).

Fig. 10: Perdices de la Puna (Tinamotis pentlandii)

Fig. 11: Paja brava (Stipa ichu), planta muy abundante en el altiplano andino, adaptada para vivir en condiciones de frío extremo y alta salinidad.

 

En el camino hacía el Salar de Tara nos encontramos con un curioso efecto atmosférico que, si bien no es un fenómeno demasiado extraño, siempre llama la atención por su belleza: las nubes iridiscentes (Fig. 12). Este efecto se da principalmente en cirrocúmulos, altocúmulos y nubes lenticulares, cuyas características las hacen propicias para generar este efecto óptico. Más información sobre este fenómeno aquí.

Fig. 12: Nubes iridiscentes

 

Capítulos anteriores de este artículo:

San Pedro de Atacama I – Salar de Atacama

San Pedro de Atacama II – Géiseres del Tatio

San Pedro de Atacama III – Cordillera de la Sal

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