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San Pedro de Atacama III – Cordillera de la Sal

A pocos kilómetros de distancia de San Pedro de Atacama existe una pequeña región donde la observación de la geología local es simplemente excepcional. La presencia de materiales de fácil erosión ha propiciado que en esta parte del desierto las rocas hayan sido esculpidas de forma caprichosa, formando extraños lugares a los que se les ha dado nombres acorde a su inquietante aspecto, como el Valle de la Luna, el Valle de la Muerte o la Quebrada del Diablo.

Estos lugares están situados en la denominada Cordillera de la Sal, una pequeña estribación situada entre el salar de Atacama, al este, y la Cordillera de Domeyco, al oeste. La Cordillera de la Sal está formada por un conjunto de capas de 2000 m. de espesor compuestas por  arcillolitas, limonitas, lutitas, areniscas, conglomerado fino y sales (halita y yeso), todo ello depositado durante el Terciario Inferior. Estas capas se encuentran muy plegadas formando un gran sinclinorio.

Fig. 1: Vista de la Quebrada del Diablo desde la cima del pukará de Quitor.

 

Debido al asentamiento de los estratos que formaban la cuenca sedimentaria, los materiales se comportaron plásticamente y se plegaron, haciendo que las importantes acumulaciones de sal de esta zona migraran hacia los puntos de menor presión, produciendo diapiros que plegaron las capas superiores hasta llegar incluso a romperlas (Fig. 2). En fotos aéreas se pueden observar perfectamente las zonas de acumulación de sal proveniente de las capas salinas y las trazas sinuosas que forman los estratos plegados al ser erosionados (Fig. 3).

 

Fig. 2: Esquema de formación de pliegues y rotura de estratos producidos por la migración de sal. Estos movimientos se deben a la diferencia de densidades y al comportamiento plástico de la sal en condiciones de presión, lo que hace a la sal ascender y formar el diapiro.

Fig. 3: Foto aérea de acumulaciones salinas y pliegues en el Valle de la Luna.

 

Como es de suponer, en la Cordillera de la Sal las formaciones salinas son omnipresentes. En la Quebrada del Diablo, por ejemplo, pudimos observar numerosas familias de diaclasas totalmente rellenas de yeso (Fig. 4), así como gruesas costras salinas en la superficie (Fig. 5). Unos kilómetros hacia el suroeste, cerca del Valle de la Muerte, nos encontramos unas bonitas charcas hipersalinas en donde no pudimos resistir la tentación de meter el dedo y probar cuán salada era esa agua (Fig. 6). Un sabor terrible y absolutamente desagradable nos recordó que a veces es mejor no tentar a la suerte. Otra curiosidad de esas charcas fue el simple hecho de estuvieran allí. Si por algo es famoso el desierto de Atacama es por ser el desierto más seco del mundo. De hecho, existen lugares donde se ha podido datar una ausencia de precipitaciones moderadas durante los últimos 23 millones de años. Aunque la zona de San Pedro es mucho más húmeda que otras partes del desierto, debido a que existen varios riachuelos que traen agua directamente desde las cumbres  andinas, además del salar de Atacama que recoge también el agua subterránea que fluye desde la Cordillera, esto no explica del todo por qué esas pequeñas charcas aisladas estaban allí.

 

Fig. 4 y 5: Los estratos de sedimentos terrígenos de la Quebrada del Diablo contienen gran cantidad de sales (yeso principalmente) rellenando fisuras o formando costras superficiales.

Fig. 6: Pequeña charca saturada en sales, las cuales precipitan en el fondo y en sus márgenes.

 

Al lado de las charcas salinas encontramos un afloramiento de materiales finos y de poca consistencia en el que observamos un par de cosas curiosas. En primer lugar vimos una fina capa de azufre que recorría todo el afloramiento (Fig. 7). En la naturaleza existen dos tipos principales de yacimientos de azufre nativo, uno de origen sedimentario por la descomposición del yeso evoporítico mediante procesos de reducción bacteriana y oxidación, y otro producido por la sublimación de gases de origen volcánico, como los que pudimos ver en directo en el camino hacia los geiseres de El Tatio (Fig. 8). Casualmente, en esa zona existen tanto acumulaciones de yesos evaporíticos como actividad volcánica, por lo que su origen no queda claro. Además, unos centímetros por encima de la capa de azufre pudimos ver un fino estrato de sílex oscuro formando nódulos. El sílex está asociado a calizas, dolomías, margocalizas, margas y arcillas de ambientes marinos o lacustres, comúnmente salinos, y también es corriente la concentración de sílice en suelos asociados a medios palustres o márgenes lacustres, por la oscilación del nivel del agua. Aunque, por otra parte, la circulación de fluidos ricos en sílice derivados de la actividad volcánica o tectónica puede contribuir a la formación directa o indirecta del sílex. Por todo ello, este azufre podría ser de origen volcánico o sedimentario, sin embargo yo me decanto por la segunda opción: Ambiente lacustre salino con fuertes variaciones de nivel, en el cual se formaron los estratos de rocas detríticas de poca consistencia, las finas capas de sílex en sus márgenes,  y los depósitos de sales evaporíticas, algunos de los cuales fueron descompuestos por bacterias formando ácido sulfhídrico que después se oxidó para formar el azufre nativo. Habría que consultar la bibliografía geológica detallada de esta región para aclarar totalmente el origen de estas formaciones.

Otra cosa que nos llamó la atención en este afloramiento fueron unos pequeños cristales de un mineral de color verde (Fig. 9). La verdad es que no me atrevo a decir qué mineral puede ser, aunque seguramente sea alguno de los compuestos de cobre tan comunes en el norte de Chile, como la crisocola (silicato de cobre).

 

Fig. 7 y 8: Fina capa de azufre nativo. Volcán activo expulsando azufre, cercano al camino que une San Pedro de Atacama y los geiseres de El Tatio.

Fig. 9: Cristales milimétricos de un mineral verde, posiblemente algún mineral de cobre como la crisocola.

Otro lugar espectacular de la Cordillera de la Sal es el ya citado Valle de la Muerte. Este valle es en realidad un paraje desolado que ha sido excavado de forma angosta en los estratos blandos de un gran pliegue, el cual es perfectamente visible desde el mirador del pukará de Quitor (fortificación precolombina del siglo XII) (Fig. 10) y mejor aún en fotografía aérea (Fig. 11). Es de suponer que muy de vez en cuando fluye agua por el cauce serpenteante del riachuelo que recorre el interior del valle, cuyo fondo está saturado de sal (Fig. 12). Las formas que ha creado la erosión fluvial en este paraje son extraordinarias, y recuerdan mucho a los paisajes de la Capadocia, en Turquía.

Para finalizar  nuestro periplo por la Cordillera de la Sal nos dirigimos, como otros cientos de turistas, a ver la puesta del sol al Valle de la Luna. Esta zona es, sin ningún tipo de duda, donde se encuentran las formaciones geológicas más espectaculares, aunque desgraciadamente ya no nos quedó luz suficiente para poder verlo todo. Sin embargo tuvimos tiempo de contemplar algunas formaciones dunares excepcionales (Fig. 13 y 14).

 

Fig. 10 y 11: Vista del pliegue en el que se encuentra el paraje del Valle de la Muerte y foto aérea de esa zona.

Fig. 12: Panorámica del cauce seco en el Valle de la Muerte.

Fig. 13 y 14: Panorámicas de formaciones dunares en el Valle de la Luna.

 

Todos estos lugares de la Cordillera de la Sal son, probablemente, las mayores atracciones turísticas de San Pedro de Atacama, debido tanto a su belleza como a su relativa cercanía a dicha localidad. Es de agradecer que desde hace unos años las autoridades chilenas hayan decidido controlar el acceso de turistas a estos parajes, ya que de otra manera se degradarían totalmente en muy poco tiempo debido a su extrema delicadeza.

 

Otros capítulos de este artículo:

San Pedro de Atacama I – Salar de Atacama

San Pedro de Atacama II – Géiseres del Tatio

San Pedro de Atacama IV – Salar de Tara

 


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