Los colores no existen

Cuando erais pequeños os enseñaron que la luz está compuesta de una serie de colores básicos que, al combinarse de diferentes maneras, forman el resto de colores que existen en el mundo mundial….¡pues os engañaron! De hecho, los colores ni siquiera existen. A continuación os voy a explicar porqué vuestro profesor de EGB (primaria ahora) os mintió vilmente.

Los humanos tendemos a pensar que el universo que nos rodea es exactamente como lo vemos. El modelo antropocentrista del mundo nos viene dado por defecto al nacer. De ahí que durante milenios se pensara, por ejemplo, que el sol giraba alrededor de la tierra, la cual obviamente era plana. Los eventos naturales fueron siempre explicados según la lógica basada en la experiencia de los individuos o encomendados a actos divinos cuando eran demasiado complejos como para ser comprendidos por sus grandes cerebros de homínido. Después llego la revolución científica y tecnológica, y la visión real del mundo se abrió ante los ojos de algunos que se atrevieron a mirar a través de lentes y aparatos que rebelaron nuevas realidades microscópicas y macroscópicas. Fue entonces cuando los humanos se dieron cuenta de que el universo que nos rodea es exactamente diferente a como lo vemos.

Un ejemplo claro de esto es la manera que tienen los animales (y las plantas) de percibir lo que les rodea. Los procesos evolutivos han favorecido la aparición de diferentes sistemas sensoriales para este fin. En el caso de nuestra especie, hemos desarrollado 5 sentidos, unos más sensibles que otros, para obtener información de lo que tenemos a nuestro alrededor: El tacto, el gusto, el olfato, el oído y la vista. Los tres primeros son sentidos secundarios que nos dan más bien poca información en comparación con otras especies con sistemas sensoriales similares. Nuestros oídos están más desarrollados, aunque también tienen bastantes limitaciones. Sin embargo, la vista es con diferencia nuestro sentido más agudo y el que más información útil nos proporciona. De hecho, los humanos “vemos” bastante bien en comparación a otras muchas especies de animales superiores.

(Partes del ojo humano y zona del cerebro encargada del procesamiento de la información enviada por los ojos)

 

Pero, ¿qué es en realidad la visión? El sentido de la vista consiste básicamente en la recepción e interpretación de ondas electromagnéticas. Para ello, este sistema consta de un órgano de recepción-transformación (ojo), un trasmisor de impulsos eléctricos (nervio óptico) y un órgano de interpretación (cerebro). Este conjunto ha evolucionado de maneras diferentes dentro del reino animal, de tal manera que cada especie es capaz de percibir tan solo un rango de longitudes de onda concreto dentro del espectro electromagnético total que existe en el universo. La sensibilidad a un rango concreto de longitudes de onda depende de las necesidades que haya tenido cada especie a lo largo de su camino evolutivo, ya que la información que proporciona cada longitud de onda en la naturaleza puede ser diferente. El rango de ondas electromagnéticas que los humanos somos capaces de captar a través de los ojos se denomina “luz visible” o “espectro visible”.

Además, en cada especie animal los órganos de la visión se han desarrollado más o menos dependiendo de la importancia que tenga este sentido en comparación a los demás. Un pez abisal, por ejemplo, nunca podrá recibir demasiada información a través de la vista debido a la oscuridad de las profundidades marinas, por lo que su sentido de la visión estará menos evolucionado que el resto de sus sentidos.

Volvamos de nuevo a las longitudes de onda y a la “luz visible”. Nuestra especie es capaz de captar radiaciones electromagnéticas con longitudes entre 400 y 700 nanómetros. En la siguiente imagen se puede observar el diminuto rango de ondas que somos capaces de ver.

(Luz visible para los humanos en comparación de todo el espectro de radiación electromagnética que existe en el universo)

 

Y aquí es donde viene lo bueno. Los órganos visuales más evolucionados, como los ojos humanos, tienen la capacidad de detectar y separar diferentes longitudes de onda de las radiaciones electromagnéticas que llegan a él (mediante los denominados conos). De este modo el cerebro es capaz a su vez de interpretar cada una de esas longitudes de onda por separado, dándoles patrones diferentes a cada una de ellas para poder distinguirlas. En el caso de los humanos (y otras especias animales), los patrones que el cerebro ha creado para diferenciar las distintas longitudes de onda son los COLORES. Es decir, los colores no son más que una ilusión que nuestros cerebros crean al interpretar las diferentes ondas de luz que reciben nuestros ojos, por lo que en la realidad, en el mundo que nos rodea y en el universo, los colores no existen. Y entonces, ¿por qué nos engañaron de pequeños? Pues porque es mucho más sencillo e intuitivo para un niño entender que la luz que vemos se compone de colores a que la luz es una radiación electromagnética que se compone de diferentes longitudes de ondas. Al final el profesor no tenía culpa ninguna.

(Etapas evolutivas de un ojo no compuesto)

 

El desarrollo de las capacidades visuales de los animales favoreció a su vez una evolución retroalimentada de los colores. Cuanto mejor y más nítidos los animales podían ver y diferenciar los colores en su cerebros, más favorecían los mecanismos evolutivos la aparición de “vistosos colores” en otros animales e incluso en las platas. El mejor ejemplo de esta evolución es el de los colores de las flores para llamar la atención de los insectos polinizadores. Con el tiempo la Tierra experimentó una gran explosión de color que, sin embargo, no era igual para todos, ya que cada especie animal interpretaba esos colores en su cerebro de forma diferente e independiente a los demás. De hecho, muchos animales ni siquiera crean colores en su cerebro, ya que la detección de estos no debió de ser indispensable para la supervivencia durante su camino evolutivo, como en los tiburones. Hay animales cuyos órganos visuales son solo capaces de percibir pequeñas variaciones en la cantidad de luz, como las estrellas de mar. Otros animales, en cambio, son capaces de percibir y diferenciar rangos de longitud de onda mayores que los humanos, como las aves, que ven luz ultravioleta, o las serpientes, que ven luz infrarroja generada por el calor. La visión de los crustáceos es aún más sorprendente, ya que son capaces de ver luz polarizada. En el caso de los homínidos, la diferenciación de los colores en el cerebro fue una herramienta fundamental para su supervivencia en el pasado, ya que por ejemplo les permitió encontrar y diferenciar frutas con más facilidad o reconocer animales peligrosos de colores llamativos. En el siguiente enlace podéis encontrar información muy interesante sobre cómo ven algunos animales concretos:

Así ven el mundo los animales

En este otro vídeo podéis también ver algunos ejemplos de cómo ven algunos animales el mundo:

Como ya comenté anteriormente, los animales que no han desarrollado buenas capacidades visuales es porque realmente no pueden obtener demasiada información a través de la vista. En su lugar, esos animales han desarrollado otros sistemas sensitivos. Un buen ejemplo de esto son los murciélagos. Vivir en cuevas y ser nocturnos no favoreció el desarrollo de la visión, de ahí que vean realmente mal, aunque sí favoreció el desarrollo de un sistema de ecolocalización avanzado. Algunos biólogos han sugerido que estos animales podrían crear imágenes cerebrales del mundo que les rodea de una forma muy parecida a la nuestra, mediante combinación de colores. Al igual que ocurre en nuestros cerebros cuando se interpretan ondas electromagnéticas, los murciélagos podrían interpretar las frecuencias y tiempos de retorno de los ultrasonidos que emiten mediante el uso de patrones como los colores, en cuyo caso, “oirían” el mundo de una forma parecida al que nosotros lo “vemos”.

Por último, quiero compartir con vosotros la extraordinaria historia de Daniel Kish, un invidente de Estados Unidos. Este hombre se quedó ciego cuando era un bebé y desde su infancia comenzó a emitir chasquidos con la boca para moverse con más facilidad. Con los años mejoró esa habilidad hasta el punto de que ahora es capaz de moverse por las calles en bicicleta usando esos chasquidos como sistema de ecolocalización.  En el año 2000 Daniel creó una organización sin ánimo de lucro para enseñar a ciegos de todo el mundo la técnica de ecolocalización mediante chasquidos. A día de hoy, esta organización ha ayudado a miles de personas invidentes a moverse con mayor soltura por el mundo. Si os interesa el tema de la ecolocalización en humanos aquí tenéis más información.

 

Esta entrada ha sido escrita por influencia del fabuloso libro “El relojero ciego”, del biólogo y divulgador Richard Dawkins.

Foto de portada de este post: Dan Brady


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